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Qué papel para scrapbooking elegir: gramaje, tamaño, doble cara y por qué todo eso importa más de lo que crees

Recuerdo la primera vez que me senté frente a una pila de papeles de scrapbooking sin saber muy bien qué estaba mirando. Todos eran bonitos. Todos tenían patrones preciosos. Y sin embargo, cuando los usé en mis proyectos, algunos quedaron perfectos y otros aprendí mucho de ellos. Se arrugaban, se transparentaban, no aguantaban el adhesivo, o simplemente no tenían el “cuerpo” necesario para sostener una foto.

Con el tiempo entendí que elegir un papel de scrapbooking no se trata solo de que sea bonito. Se trata de entender lo que hay detrás: el gramaje, el tamaño, si es doble cara o no, y cómo cada una de esas características afecta directamente al resultado de tu álbum o proyecto. Hoy quiero compartir contigo todo lo que ojalá alguien me hubiera explicado desde el principio.

El gramaje: esa cifra que cambia todo

Si hay algo que marca la diferencia entre un papel que funciona en tus proyectos y uno que te da problemas desde el primer momento, es el gramaje. Ese número que aparece en las especificaciones y que a veces ignoramos porque nos parece demasiado técnico. Pero no te preocupes, que es mucho más sencillo de lo que parece.

El gramaje mide el peso del papel en gramos por metro cuadrado, y se expresa como g/m² o simplemente “gr”. En scrapbooking, los papeles más habituales se mueven entre los 80 g/m² y los 216 g/m², y cada rango tiene su porque y su propósito.

Papeles de 80 a 100 g/m² son papeles finos, similares al papel de impresora de calidad. Son útiles para imprimir journaling, crear capas ligeras o hacer origami decorativo dentro de tus páginas. Sin embargo, solos no aguantan el peso de una foto, se transparentan con muchos adhesivos y tienden a arrugarse si les aplicas demasiada humedad (como con algunos sellos de tinta húmeda). Yo los uso para detalles, no como base de una página.

Papeles de 120 a 160 g/m² son el punto dulce para la mayoría de los elementos decorativos. Tienen suficiente cuerpo para cortarse con limpieza, aguantan bien el plegado, y son lo suficientemente flexibles como para crear flores, frames y embellecimientos sin que se rompan. Si me preguntas qué gramaje recomiendo para empezar a trabajar con elementos decorativos, siempre digo este rango de gramaje.

Papeles de 180 a 216 g/m² son los que usamos como base o cardstock. Tienen solidez, firmeza, y son capaces de sostener capas, fotos, washi tape, stickers y todo lo que imaginemos poner encima. Un álbum de scrapbooking necesita estas páginas base para que el conjunto no se deforme con el tiempo. Son, literalmente, los cimientos de tu proyecto.

Hay algo que no siempre se menciona y que para mí es una de las cosas más importantes: el gramaje también afecta a cómo envejece el álbum. Un papel demasiado fino tiende a ondularse con los años, especialmente si el álbum se guarda en un ambiente con variaciones de temperatura o humedad. Invertir en un buen gramaje es invertir en que esos recuerdos duren.

El tamaño: más allá del 30×30

Cuando descubrí el mundo del scrapbooking, todo el mundo hablaba del formato 30×30 cm (también llamado 12×12 pulgadas). Y tiene mucho sentido: es el estándar internacional, los álbumes están diseñados para él, y la mayoría de los kits y colecciones de papeles se producen en esa medida. Pero con los años he aprendido que hay vida más allá del 30×30, y que elegir el tamaño adecuado depende mucho del tipo de proyecto que tienes en mente.

El 30×30 cm sigue siendo mi favorito para álbumes completos y páginas de doble página. Da espacio para respirar, para poner varias fotos, para construir composiciones con capas y profundidad. Es el canvas perfecto cuando quieres contar una historia completa en una sola página: ese cumpleaños, esa escapada de fin de semana, ese primer día de cole que no quieres que nadie olvide.

El 20×20 cm o A5 ha ganado mucho terreno últimamente, y con razón. Es ideal para mini álbumes, diarios de viaje o proyectos más íntimos que no necesitan tanto espacio. También es una opción estupenda si estás empezando: trabajar en un formato más pequeño te permite practicar composición sin agobiarte ni gastar demasiado material.

El formato A4 (21×29,7 cm) es muy práctico si quieres combinar el scrapbooking con la impresión en casa, ya que encaja perfectamente en cualquier impresora estándar. Lo uso mucho para crear fondos personalizados, journaling cards de mayor tamaño o páginas que luego voy a encuadernar en un álbum vertical.

Los papeles de 15×15 cm y menores son los que guardo para embellecimientos, papiroflexia decorativa, y esos momentos en los que necesito un toque de patrón en un espacio pequeño sin tener que cortar un papel grande. También son perfectos para gift tags, tarjetas y packaging artesanal.

Una cosa que siempre digo en mis talleres: no te cases con un solo formato. La magia del scrapbooking está en mezclar y adaptar. Tener papeles de distintos tamaños en tu estación de trabajo te da libertad creativa que no tiene precio.

Doble cara: ¿lujo o necesidad?

Aquí llega uno de mis temas favoritos, porque recuerdo perfectamente el día que descubrí los papeles de doble cara y pensé: “¿Dónde habías estado toda mi vida?”

Un papel de doble cara tiene, como su nombre indica, estampado o color en ambas caras. Y aunque puede parecer un detalle menor, en la práctica cambia completamente la forma de trabajar.

¿Por qué importa tanto?

La primera ventaja para mí es la versatilidad. Con un papel doble cara tienes dos diseños en uno: puedes usarlo por un lado para el fondo y por el otro para cortar elementos decorativos. Eso significa más opciones con menos gasto y menos espacio de almacenamiento. Para quienes tenemos la estación de trabajo en casa y sabemos lo que ocupa una colección de papeles, esto es un punto a favor importante.

La segunda ventaja es la coherencia visual. Los papeles doble cara suelen diseñarse como parte de una colección, de forma que ambas caras son complementarias: una puede tener un patrón grande y llamativo, y la otra uno más neutro o geométrico que sirve de contrapunto. Esto hace que aunque uses las dos caras en la misma página, el resultado sea armonioso.

Tercera, y esta lo descubrí cuando empecé a hacer flores y otros elementos tridimensionales: cuando doblas o enrollas el papel, el reverso se ve. Si ese reverso es blanco o de un color que no encaja, el efecto se rompe. Con un papel doble cara bien elegido, cada pétalo de una flor de papel, cada esquina de un sobre miniatura, cada vuelta de una espiral tiene un acabado bonito y cuidado.

Ahora bien, no siempre necesitas doble cara. Si tu papel va a quedar completamente adherido a la página base y nunca se verá el reverso, un papel de una sola cara funciona perfectamente. La clave está en pensar en cómo vas a usar cada papel antes de comprar.

Mis cuatro imprescindibles para elegir papel de sracobooking

Después de años scrapbookeando, he desarrollado una pequeña rutina mental antes de elegir los papeles para un proyecto. Te la cuento por si te sirve de guía.

Primero pienso en la base. Necesito páginas base sólidas, así que busco cardstock o papeles de alto gramaje (180 g/m² o más) en colores que complementen mis fotos. Aquí no me complico con patrones, prefiero colores lisos o texturas sutiles.

Segundo, elijo los papeles de patrón. Estos sí los quiero con diseño, y aquí entra en juego el doble cara. Me pregunto: ¿voy a cortar este papel o lo voy a pegar entero? Si voy a cortar, valoro que el reverso sea bonito. Si va entero, puede ser de una sola cara.

Tercero, pienso en los elementos tridimensionales. Flores, frames, tags, banderines… para todo esto necesito papeles más ligeros (120-160 g/m²) que se doblen y corten bien. Los papeles con demasiado cuerpo son difíciles de trabajar en detalle.

Por último, me pregunto si el conjunto es coherente. Los papeles de una misma colección suelen funcionar bien juntos, pero también me gusta mezclar colecciones cuando tengo claro el hilo conductor visual (una paleta de color, un estilo, una época).

Una reflexión sobre los materiales y los recuerdos

Sé que a veces puede parecer que estoy dándole demasiadas vueltas a algo que “solo es papel”. Pero para mí, el scrapbooking nunca ha sido solo papel. Es el lugar donde viven los recuerdos. Es ese álbum que alguien abre dentro de veinte años y encuentra una foto de un día que casi olvidaba. Es la manera en que dejamos constancia de lo que amamos, de quiénes somos, de lo que nos hace felices.

Y precisamente porque lo que guardamos dentro es tan valioso, merece que el exterior esté bien construido. Que el papel no se curve. Que los colores no destiñan. Que las capas aguanten el paso del tiempo. Elegir bien los materiales es, en el fondo, una forma de cuidar esos recuerdos.

Por eso, cuando creo papeles, no solo me fijo en que sean bonitos (que también, claro). Me fijo en su gramaje, en su acabado, en si el doble cara tiene sentido para lo que quiero hacer. Y cada vez que abro un álbum bien construido, sé que valió la pena ese cuidado.

Si has llegado hasta aquí, ya tienes mucho más claro qué buscar la próxima vez que estés frente a una colección de papeles. Y si quieres explorar una selección pensada para que todo encaje, con gramajes adecuados, diseños coordinados y opciones tanto de una como de doble cara, te invito a visitar Cattaleia donde encontrarás todo lo que necesitas para empezar o seguir creando.

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¡Bienvenid@s a mi blog!

Mi nombre es Anabel y mi pasión es crear. Desde muy pequeña, me ha gustado mucho dibujar, improvisar y sobre todo llenar cuadernos con miles de recortes y frases. Sin embargo, llegó la adolescencia, y lo dejé por un tiempo.

En esta newsletter creativa te voy a abrir el alma de Cattaleia y compartiré contigo mis ideas, inspiración y algún que otro regalito.

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